En octubre de 2024 quedé con mi amigo y emprendedor mexicano Claudio Cossio en Saigón. Acababa de aterrizar para explorar el mercado del sudeste asiático. Nos encontramos en el hotel Marriott, ubicado en el emblemático rascacielos Landmark 81. Mientras mirábamos la inmensa ciudad a nuestros pies, me dijo con asombro: “No me imaginaba que esto fuera a ser así”.

Claudio esperaba encontrar un país mucho más subdesarrollado, algo parecido a la imagen que tenía de Cuba. Entendí su sorpresa porque apenas dos años antes yo mismo había llegado a Vietnam con una percepción similar.

Lo poco que conocemos de Vietnam en Occidente está ligado, en gran medida, a la guerra y al cine estadounidenses. Más recientemente, las redes sociales nos han acercado a sus paisajes y destinos turísticos. Sin embargo, apenas nos hacemos eco de las noticias relacionadas con la asombrosa transformación económica que está protagonizando el país. En 2025, su economía creció un 8,02 %. Con 102 millones de habitantes y una edad mediana de aproximadamente 34 años, Vietnam combina dinamismo económico con una población todavía relativamente joven. Y esto se palpa nada más pisar la calle.

Foto tomada durante el encuentro con Claudio en el rascacielos Landmark 81. Saigón 2024.

De la escasez a las cadenas de suministro globales

Tras la reunificación de 1975, Vietnam atravesó años de graves dificultades económicas. En 1986, el Partido Comunista puso en marcha Doi Moi, un programa de reformas que abrió progresivamente la economía a la iniciativa privada, el comercio internacional y la inversión extranjera.

La normalización de las relaciones con Estados Unidos en los años noventa aceleró su integración internacional. Durante la década siguiente, entraron las multinacionales del textil y del calzado. A partir de los años 2000, la llegada de grandes marcas tecnológicas extranjeras impulsó la expansión industrial, convirtiendo al país en un centro de producción de electrónica, telefonía móvil y maquinaria.

La estrategia empresarial China Plus One, que busca diversificar las cadenas de suministro más allá de China, ha reforzado esta posición. La proximidad a los proveedores chinos, los costes competitivos y los acuerdos comerciales hacen de Vietnam una alternativa muy atractiva para las multinacionales. En 2025, la inversión extranjera ejecutada alcanzó los 27.620 millones de dólares, todo un récord.

Pero Vietnam ya no es solo una fábrica para el mundo. La reducción de la pobreza y el aumento de los ingresos están ampliando su mercado interno. Según McKinsey, la población vietnamita perteneciente a la clase consumidora pasó de menos del 10 % en 2000 al 40 % en 2021. Con una población joven y cada vez más urbana, el país ofrece oportunidades que van más allá de la producción: desde alimentación y tecnología hasta servicios y bienes de consumo. Es todo un filón.

Dos mundos por descubrir

Para las empresas latinoamericanas, Vietnam ofrece oportunidades como mercado de destino, proveedor industrial y socio comercial. México es un ejemplo concreto: el intercambio bilateral alcanzó los 6.400 millones de dólares en 2024, un 21,8 % más que el año anterior.

Chile, México y Perú comparten con Vietnam una puerta de entrada comercial a través del CPTPP, el acuerdo transpacífico que facilita el intercambio de bienes y servicios entre sus miembros. Chile cuenta, además, con un tratado de libre comercio bilateral con Vietnam desde 2014. Son vínculos que ya existen sobre el papel y que ofrecen una base para desarrollar relaciones empresariales todavía poco exploradas.

La oportunidad va más allá de los intercambios tradicionales. Mientras las multinacionales siguen trasladando producción a Vietnam, también emergen empresas vietnamitas con productos y tecnología propios que buscan expandirse internacionalmente.

Y del mismo modo que en Latinoamérica se conoce poco Vietnam, en Vietnam también existe un conocimiento limitado de los países latinoamericanos y del mercado hispanohablante en su conjunto. Me he reunido con muchas personas y puedo decir que para los vietnamitas prácticamente no existimos, tanto comercial como culturalmente. Estoy convencido de que eso va a cambiar a medida que Vietnam se abra al mundo, de forma similar a lo que sucedió con China.

Hay, por tanto, una oportunidad en ambas direcciones: empresas latinoamericanas que descubran un mercado asiático en transformación y compañías vietnamitas que encuentren en Latinoamérica nuevos clientes, socios y vías de expansión. Para aprovecharla, el primer paso es superar el desconocimiento mutuo.

Por eso escribo sobre su cultura y sus negocios en español. Creo en construir puentes entre el mundo hispanohablante y Vietnam, y en ayudar a más emprendedores a descubrir lo que puede surgir cuando ambos mundos empiezan a acercarse.

Mateo Austin es autor de la página Apertura Vietnam