Tres idiomas, ningún plan

Albert Cano llegó a Taiwán a aprender chino mandarín, pero ya con la decisión de que algún día iba a montar una empresa. “No sabía exactamente qué iba a hacer, pero sabía que lo iba a hacer”, relata mientras desayunamos a pocas cuadras de la famosa Torre 101, en el distrito financiero de Taipéi.

No venía de la tecnología. En Barcelona había montado una importadora de China a España y un local de bebidas y eventos, y ya había vivido unos meses en Nueva York. Como el costo de vida -y de hacer negocios- en Europa y EEUU era una barrera importante, decidió aprender chino, pensando que hablar 3 idiomas le iba a permitir “hacer negocios con todo el mundo”.

Pasó por Hong Kong, Tailandia y Filipinas, con parada final en Taiwán. “Se sentía como casa para mí. La gente era muy agradable, era un lugar seguro y donde había muchas oportunidades, veía que se estaban moviendo cosas en Taiwán muy rápido”, recuerda.

De curso de idiomas a infraestructura IA

Unicorn Tutor nació hace dos y medio años, sobre una intuición y poco más. Cano y su socio Dino Dudic no eran programadores, pero con el Python que sabían armaron tutores en forma de avatar que respondían preguntas para aprender idiomas. Aunque era feo y lento, confiesa, funcionaba. “La primera hipótesis se confirmó: esto se puede hacer, las respuestas eran muy buenas”, dice.

Para pasar de la hipótesis a la práctica encontraron a un CTO que venía de AWS y que se sumó inicialmente a tiempo parcial. Cuando vio que el proyecto pintaba bien, dejó su empleo para dedicarse a Unicorn Tutor full-time.

La idea inicial era B2C, sin embargo, el mercado de la instrucción de idiomas online ya tenía jugadores fuertes, y Cano -que había tenido una experiencia previa en edtech- sabía lo que costaba entrar. “Hace falta mucha plata para marketing y yo no quería competir por plata”, resume. Pivotaron a B2B.

“Nosotros hacemos infraestructura de IA,

somos un SaaS”.

Hoy la empresa vende IA de práctica oral con “marca blanca” (white label) a academias, editoriales y equipos de formación corporativa. Unicorn Tutor desarrolla la tutoría IA y su cliente la presenta a sus alumnos con su propio logo, colores y marca. Para el alumno, el tutor IA es una herramienta de esa academia o empresa, Unicorn Tutor no aparece.

Como lo explica Cano: “Nosotros hacemos infraestructura de IA, somos un SaaS”.

El ecosistema sin maquillaje

El proyecto trabajó seis meses con AVA Angels, un club de inversionistas ángeles que facilitó tres cosas: créditos de AWS, créditos de OpenAI y mentores. Los créditos, en particular, fueron una gran ventaja para una empresa como Unicorn Tutor cuyo costo principal es la nube.

Para Cano, la ayuda de personas vinculadas a la Gold Card Association y a Startup Island Taiwan fue clave. En especial la Gold Card -que combina permiso de trabajo, certificado de residente, seguro de salud y permiso de reingreso- lo liberó de algo que hizo durante años y no quería repetir: salir del país cada tres meses para renovar la visa.

El ecosistema de apoyo a las startups, donde el rol de instituciones del Estado es fundamental, es rico y variado, pero hay que entender cómo y para qué funciona. Por ejemplo, hay una buena cantidad de incubadoras, pero pocas aceleradoras, y casi ninguna invierte. 

De hecho, el levantamiento de capital de Unicorn Tutor no llegó a través de VCs ni una aceleradora, sino de “business angels, por contacto personal. Yo pinchando, conociendo al que conoce al otro”, relata Cano.

La burocracia es otro punto de fricción, especialmente para abrir una cuenta bancaria de empresa. “Si no te ayuda alguien, ostras, estás un poco jodido, ¿no? Si no tienes un APRC (permiso de residencia permanente) o una empresa que te patrocine, o un socio taiwanés, es más difícil”, confiesa.

Quizás por eso Unicorn Tutor no está registrada en Taiwán, al menos por ahora, sino en Delaware. “Es mucho más fácil y más rápido. Y muchos inversores prefieren que la empresa esté en Estados Unidos”.

Por último, si bien el idioma chino puede no ser una barrera infranqueable, hablarlo sin duda abre puertas y facilita las cosas. Según Cano, “No hace falta que tengas un chino excelente, pero tiene que ser lo suficiente para conversar”. A su juicio, con seis meses de inmersión total se puede alcanzar ese nivel.

El trampolín taiwanés

¿Funciona Taiwán como plataforma hacia el resto de Asia? “Al 100%”, afirma Cano, y cita como ejemplos los programas de AVA Angels o la aceleradora SparkLabs que están “súper conectados” con Japón, o el de AppWorks, conectado con Corea del Sur, entre otros.

A los empresarios latinoamericanos los invita a venir con los ojos abiertos. “Taiwán no es un sitio al que vengas a probar, tienes que tener un plan muy concreto”, apunta. Recomienda hacer antes un trabajo de exploración: hablar con latinos que ya estén aquí, con gente que tenga una empresa que funcione, y conocer los espacios de coworking, las aceleradoras y las academias de chino.

“Si quieres venir a ganar en tres o seis meses,
no vengas. Elige otro sitio”

“Taiwán es un buen lugar de testeo, porque es un mercado relativamente pequeño, pero que funciona muy bien. Entonces, tú puedes probar cosas aquí en Taiwán, y si funciona, es posible que funcione en otros lugares, ¿vale?”

Por último, aconseja tener paciencia. “Si quieres venir a ganar en tres o seis meses, no vengas. Elige otro sitio. Si tienes un año, Taiwán es muy interesante, porque aprendes rápido y puedes tener una vida balanceada”.

Hoy su empresa tiene clientes en Taiwán y Europa. En Latinoamérica han hecho contactos preliminares a través de un tercero en Chile y Perú, y están con ganas de tantear el terreno en México y Brasil.

Manual para startups: Los tips de Cano

  1. Elige la aceleradora por su portafolio. “No seáis necios: mirad el portafolio antes de aplicar”. Define antes si eres B2B, B2C o B2B2C. Además, pocas aceleradoras en Taiwán invierten y casi ninguna fija metas claras para hacerlo.

  2. Aprovecha créditos y mentores. Créditos de nube y de IA reducen el costo más pesado de una startup tecnológica. Y busca mentores que den valor en las preguntas y conecten con otros actores.

  3. Aprende a decir no. A clientes que piden todo, a los que exigen la propiedad intelectual de tu producto, a los que consumen más tiempo del que aportan. Decir sí a todo pasa la cuenta, y rápido.

  4. Prepara los pilotos antes de empezar. Calcula los tiempos reales (un proyecto de tres meses no cabe en uno), define el criterio de éxito de antemano y no cambies nada a mitad de la prueba.

  5. No compitas por plata de marketing. Si el mercado de consumo está saturado, un cambio a B2B puede ser la mejor decisión.

  6. Levanta capital por contactos, no por convocatorias. En Taiwán sus inversores llegaron por recomendación personal, no por VCs. Si buscas inversores internacionales, una sociedad en Delaware facilita la ronda.

  7. Aprende a «hackear el sistema» local, sin ilegalidades. Transporte público barato, comida económica, una vivienda modesta. El costo de vida es parte de la estrategia.

  8. Prueba en Taiwán, escala desde Taiwán. Es un mercado pequeño que funciona bien. Si algo funciona aquí, puede funcionar en otros lugares. Hay aceleradoras con programas desde acá hacia Japón y Corea.